domingo, 6 de septiembre de 2015

Domingo por la tarde...

Los domingos por la tarde suelen venir acompañados de momentos de descanso y que invitan a la reflexión. También tiempo para compartir en familia o con los amigos del que durante el resto de la semana, no disponemos mucho... Sin embargo, en muchas ocasiones, los seres humanos en nuestra cultura, tendemos a sentirnos un poco "bajos" de ánimo y a sentir cierta ansiedad ante la semana que se presenta por delante y que viene cargada de nuevos retos... A este fenómeno que viene acompañado de cierta inestabilidad emocional, sensación de vacío, intranquilidad o aburrimiento se le ha denominado "Síndrome del Domingo" y es bastante frecuente. En ningún caso se trata de un trastorno, ni una enfermedad, solo de un cuadro de síntomas unidos por los que "inexplicablemente" nos sentimos mal...

Aunque está bien tener momentos de reflexión y ciertamente todas las emociones son necesarias en esta vida, y también es cierto que este síndrome es muy frecuente podemos intentar paliar las sensaciones desagradables que nos produce introduciendo algunos cambios en nuestro pensamiento y comportamiento...

En una sociedad en la que llevamos una velocidad vertiginosa con mil ocupaciones y exigencias diarias (a veces externas pero, en muchas ocasiones, que proceden de nuestro interior), ocurre que en los momentos que tenemos para descansar, en muchos momentos difícilmente los hacemos porque no sabemos disfrutar de ellos y terminan produciéndonos cierto desasosiego o ansiedad... En otras ocasiones, nos dejamos llevar por la melancolía o la tristeza...

Con frecuencia, lo que nos ocurre los domingos es que no estamos centrados en el "momento presente", sino que tenemos fijados nuestros pensamientos en el pasado: aquella situación desagradable que se dio durante la semana, el recuerdo de personas o situaciones de nuestra vida en las que centramos la atención ahora, echándolas infinitamente de menos, esos pensamientos que a veces irrumpen espontáneamente en nuestras mentes que se basan en el "y si hubiera...", "debería...", "tenía que haber hecho...", etc.

En otras ocasiones, lo que nos ocurre es que fijamos nuestros pensamientos en el futuro: pensar en todas las actividades que tienes por delante durante la próxima semana o en tareas concretas pendientes  que a priori resultan desagradables, volver a encontrarte con ese/a compañero/a de trabajo con el que no tienes buena relación, una cita con el médico, una situación que tienes pendiente de resolver, etc.


En definitiva, si nos paramos a pensar un momento, nos daremos cuenta de que en la mayoría de ocasiones, ese malestar viene ocasionado por la interpretación (subjetiva) que damos a cosas que ocurrieron en el pasado y que ya no podemos modificar o por cosas que no han ocurrido todavía y que tampoco sabemos cómo acontecerán, ni si serán tan negativas como pensamos, en caso de que ocurrieran...





"Que siempre hay algo que hacer cuando no hay nada que hacer,

solo es que todo lo vemos del color de los cristales.

Que siempre hay algo que hacer cuando no hay nada que hacer,

y que todos somos buenos, los domingos por la tarde". 

("Los domingos por la tarde". Lagarto Amarillo)


Y os preguntaréis: ¿podemos hacer algo para combatir ese "Síndrome del Domingo"...? La respuesta es ¡SÍ! ¡CLARO QUE SÍ!:

En primer lugar, acepta que esas emociones que te asaltan son normales y temporales, es decir, son emociones que todos los seres humanos sentimos y son pasajeras, y disponte a aprovechar ese momento de descanso y a hacerlo productivo y beneficioso.

En segundo lugar, no te culpabilices por estar descansando y combate el pensamiento que a veces puede irrumpir de "debería estar haciendo..." y  la posible sensación de pérdida de tiempo... Los momentos de descanso y de reflexión son necesarios... De ellos podemos salir fortalecidos. Así que ¡fuera culpabilidad!

En tercer lugar, céntrate en el momento presente, vive en el "aquí y ahora"... A veces nos cuesta disfrutar de lo que estamos haciendo en un momento determinado porque resulta difícil centrar nuestra atención en lo que acontece y dejamos que muchos pensamientos intrusos irrumpan saboteándolo... Si estás tumbado leyendo en el sofá, céntrate en esa lectura; si estás compartiendo tiempo con tu familia, desvía tu atención hacia ellos e intenta tomar consciencia de lo único e irrepetible de ese momento y de la fortuna que es pasar tiempo con ellos, si estás intentado descansar puedes poner en práctica alguna técnica de relajación o meditación para bloquear esos pensamientos que vienen a producirnos malestar...

Puede parecer complicado, pero existen técnicas y estrategias para aprender a centrar la atención en el momento presente y sus beneficios sobre nuestra salud son múltiples... En Psicología, corrientes como el "Mindfulness" se basan precisamente en el entrenamiento en la "atención plena".  

Por otro lado, también existe la opción de "ocuparse para no preocuparse". Puedes realizar alguna actividad que te guste (leer, salir a caminar, practicar ejercicio, ver alguna película...) o emplear ese tiempo de reflexión en hacer un balance de los aspectos positivos de esa semana y de los logros conseguidos (te puede ayudar escribirlos en un papel). ¡Seguro que te sorprendes a ti mismo/a y que has hecho muchas más cosas positivas de las que creías esta semana y de las que te puedes sentir satisfecho/a! Así como también planificar la próxima semana, fijando pequeñas metas ilusionantes alcanzables a corto/medio plazo, que te motiven a seguir y te sirvan de impulso para afrontar la semana.



Imagen: Pixabay.com

viernes, 1 de mayo de 2015

Rompiendo el silencio...

Desde esta semana tengo en mi biblioteca particular un ejemplar de un libro muy especial para mí, ya que ha sido elaborado por algunos / as de mis compañeras del GIPDCE (Grupo de Intervención Psicológica en Desastres, Catástrofes y Emergencias) del Ilustre Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental y en el que he colaborado en su redacción, desde el que se abordan desde la Psicología de Emergencias diferentes casos de suicidio a modo de manual de bolsillo.


La colaboración en la redacción del Libro de Casos de Suicidio fue un proyecto ilusionante desde el principio para mí ya que, desde mi experiencia como psicóloga de emergencias, con una andadura de 10 años, he tenido que enfrentarme en diferentes ocasiones a casos de intentos de suicidio o suicidios consumados y opino que éste es un problema que, a pesar de haber existido en la sociedad desde los inicios de la historia, sigue siendo un tabú y no se invierte en prevenirlo y en facilitar ayuda profesional y tratamiento a las personas que en algún momento de sus vidas, hayan sufrido algunos de los factores o causas que pueden llevar a la persona a tomar la decisión de llevar a cabo la conducta suicida, como el sentimiento de desesperanza, depresión, enfermedad, falta de recursos económicos, falta de apoyo social, etc.

Igualmente, considero que hay mucho que investigar aún en este tema y que los profesionales de la salud y las emergencias, necesitan formación especializada y recursos específicos para poder intervenir con la mayor eficacia. En este sentido la figura del psicólogo / a es importantísima, ya que que nuestra intervención con la persona y su entorno más cercano puede prevenir que la conducta suicida se consume y, en el caso de que ya haya sido consumada, será imprescindible prestar apoyo a los familiares que lo precisen en su pérdida, ya que el duelo en una situación de suicidio puede tener ciertas características que dificulten la elaboración del mismo (sentimiento de culpabilidad, estigmatización por parte de la sociedad, etc) y puede repercutir en que a la larga se pueda convertir en un caso de duelo patológico si no se trata correctamente desde un inicio. 

Según el INE, en 2012 murieron 3.529 personas por suicidio en España, habiendo subido esta tasa hasta un 11'3% con respecto a años atrás y habiéndose alcanzado la tasa más alta desde 2005. Estos datos hablan de muertes por suicidio consumadas pero no de todos los intentos que se han producido en un año. Las muertes por suicidio casi triplican el número de muertes por accidentes de tráfico en nuestro país. Sin embargo, apenas se invierte en prevención en este sentido como sí se viene haciendo en seguridad vial. La prevención podría disminuir significativamente ese número de muertes y de intentos de suicidio y hacer que muchísimas de las personas que en un momento de su vida se plantean esta opción puedan contar con la ayuda profesional que necesitan y mejorar sus recursos de afrontamiento y desistir de esta idea afrontando las dificultades.

Si queréis conocer un poco más sobre este tema y sobre cómo todas las personas podemos contribuir a prevenir el suicidio, podéis escuchar el programa de radio "Plataforma Solidaria" en el que la coordinadora y una de mis compañeras del GIPDCE de Jaén y yo tuvimos el placer de participar para hablar de este tema y romper el silencio a fin de informar y eliminar prejuicios y tabúes que rodean al suicidio. 


Igualmente, quería hacer un llamamiento a las administraciones y organismos competentes para que tomen las medidas convenientes con la finalidad de intentar acabar con este problema que repercute en la pérdida de vidas humanas de forma prematura. 

Decía B. Pascal:

"Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar su pensamiento sin morir".

Y yo, como persona en primer lugar, además de como profesional de la psicología, digo que "lo mejor de la vida es estar vivo" y que, si acuden a la mente de alguien pensamientos que le lleven a la ideación suicida en un principio o a una conducta posterior, siempre hay tiempo para pedir ayuda profesional y buscar alternativas antes de tomar esa decisión que ya sí que no tendría vuelta a atrás...